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Miradas enfermas: sobre tracoma e inmigración en Argentina (principios del siglo XX)

María Silvia Di Liscia and Valeria Otero González
UNLPam, FCH-IESH-Argentina

Abstract: Trachoma, or granular conjunctivitis was an ocular infection that affected the poorest segments of the population at the beginning of the twentieth century and that served as justification to block immigration from other countries to Argentina. The “sick looks” revealed in this article belong not only to those who had contracted the disease due to their passing from one continent to another but also to the doctors and officers who discriminated against the immigrants and selected among them to build a nation with the manpower that came from abroad.

Resumen: El tracoma, o conjuntivitis granulosa, fue una infección ocular que afectó a la población carenciada a principios del siglo XX y que sirvió también como justificación para impedir el ingreso a los inmigrantes de determinados países a la Argentina. Las miradas enfermas que se despliegan en este artículo son tanto de los que habían adquirido la enfermedad por su trajinar de uno a otro continente como de los médicos y funcionarios que discriminaban y seleccionaban para construir una nación con los brazos que venían desde fuera.


Foto: hotel de Inmigrantes.
Fuente: AGN

Son las cinco de la mañana, y ya en el puerto de Buenos Aires aparecen los primeros barcos en el horizonte. En la explanada del Vapor Indiana, se aprestan a descender los cientos de esperanzados y exhaustos genoveses, marselleses, napolitanos, andaluces y tantos más que llegan por primera vez a América. Corre el año de 1913 y además de la presentación del pasaporte, el oficial de Inmigración les solicita un certificado de salud, mientras una rápida revisión médica separa a quienes tienen los “ojos rojos”, señal casi infalible de la temida conjuntivitis granulosa.


Foto: hotel de inmigrantes II
Fuente: AGN

El tracoma es causado por infección ocular de la bacteria Chlamydia trachomatis. Sin tratamiento, los párpados se inflaman de manera severa y las pestañas pueden invertirse y rozar la córnea, produciendo ulceraciones oculares, cicatrización posterior, pérdida visual y hasta ceguera. La enfermedad se propaga a través del contacto directo con el ojo o nariz infectados, secreciones de la garganta o por el contacto con objetos contaminados, como toallas o prendas de vestir.


Foto: Ojo infectado con tracoma
Fuente: OMS

En Argentina, la detección de esta enfermedad fue causa de rechazo de potenciales inmigrantes, sobre todo de aquellos grupos estigmatizados por su pertenencia racial o carencia de hábitos higiénicos como los rusos y polacos (judíos) y sirio-libaneses. La norma se aplicó desde 1908 hasta mediados de los años cincuenta, pero fue hasta los inicios de la I Guerra Mundial que es posible observar un mayor número de inmigrantes excluidos por esta causa.
Se trató de una política general, común a diferentes países americanos en el período de inmigración masiva, ya que EEUU, Brasil y México también tuvieron una legislación anti-tracomatosa que les permitió de igual manera la exclusión de grupos étnicos no deseados por causas raciales y/o políticas, pero a los que era más sencillo distinguir bajo el estigma de una enfermedad incurable, inhabilitante y contagiosa.

La política inmigratoria argentina estimulaba el ingreso de europeos –especialmente del Norte-. La religión de estos conjuntos nacionales no era particularmente un problema, puesto que los protestantes que podían provenir de esos países eran aceptados en virtud de su probada laboriosidad y un examen más profundo de los polacos y rusos incluso los hacía aceptable, si se adaptaban al papel de pequeños propietarios y agricultores en las colonias del interior del país, eran obedientes y no pretendían competir como artesanos y/o comerciantes con la población nacional.. Quienes profesaban religiones no católicas podían ser acogidos en el país, como los sirios, en su mayoría cristianos maronitas, los turcos, musulmanes o los rusos y polacos, algunos de confesión judía. Pero en todos los casos existió siempre la sospecha sobre su adaptación a la tradición cultural nacional, supuestamente occidental y católica, y sobre su papel concreto dentro de las fuerzas productivas del país.

El rechazo a los inmigrantes con tracoma comenzó a efectuarse en 1907 por primera vez, ante la solicitud del Cónsul español del ingreso de veinte familias de esa nacionalidad a quienes se les había impedido hacerlo en E.E.U.U. La legislación norteamericana era precursora en relación a esta patología ocular y aunque entre 1897-1925 sólo un 1 % de los devueltos lo fueron a causa del tracoma, había interés en demostrar la peligrosidad de la enfermedad y denostar a los inmigrantes que provenían sobre todo de Grecia, Siria, Italia mediterránea y en general, de Asia (Markel, 2000: 526-527).

En Argentina, el tracoma fue un recurso eficaz para restringir la entrada de “indeseables”. En 1908, de un total de 46 rechazados sólo 7 lo fueron por tracoma (un 15%), mientras que en 1913, de 513, lo fueron 180 (casi un 40%) y esta enfermedad fue ese año la principal causa de exclusión.


Gráfico nº 1: Causas de rechazo a inmigrantes en Argentina (1908-1913)

Fuente: Memorias de la Dirección General de Migración, 1914.

El aumento de casos de tracoma puede deberse a una expansión de la infección a causa del hacinamiento de los pasajeros en los extenuantes viajes, que reunían puntos donde la enfermedad era endémica hace siglos, pero sin duda la detección de tracomatosos fue un recurso de exclusión biológica que se unía con naturalidad a la selección racial de habitantes sanos y vigorosos, cruzada en la cual las autoridades argentinas habían puesto su mayor esfuerzo.

Retratos de náufragos
Una mirada a los “Partes Consulares” puede permitirnos diseccionar algunas de las historias de estos fallidos inmigrantes, que no llegaron a pisar el suelo argentino. Estos documentos son expedientes iniciados por la Dirección General de Migración al ingreso de cada buque o vapor al país. En los casos donde existían irregularidades, como los que nos competen, se procedía a iniciar un expediente con los inmigrantes rechazados y las causas, anexando una certificación médica donde constaba la patología, una resolución del Director determinando el destino de las personas y las multas y cauciones correspondientes.


Excluídos por tracoma

El examen médico, realizado por un facultativo y un practicante, implicaba no sólo al tracoma sino a otras patologías y malformaciones y debía hacerse a cientos de personas por día, lo cual permite dudar sobre su minuciosidad. En ese momento, la oftalmología estaba en pañales, por lo cual el médico no tenía más que una formación general sobre el tema y podía confundir el tracoma con otras enfermedades oculares, no tan contagiosas y menos graves.
Los inmigrantes a quienes se denegaba el ingreso debían permanecer en el barco, bajo la vigilancia de las autoridades y luego eran reconducidos al puerto de origen, previo pago de una multa a las empresas navieras. Muchos de los inmigrantes deportados en 1913 fueron varones jóvenes, de nacionalidad árabe, como los hermanos Issouruf y Abdala Kovaisab, de 18 y 16 años respectivamente, que llegaron al puerto de Buenos Aires en el Vapor Re Vittorio, o como fue el caso Sari Said, de 30 años, arribado en el Vapor Barcelona. En el expediente, se agregaba una fotografía para identificar a los deportados. Los rostros de estos jóvenes le imprimen al trámite burocrático el drama de la exclusión.

El 17 de febrero de 1913, un buque proveniente de Barcelona, que había tocado los puertos de Río de Janeiro y Dakar, arribó al puerto de Buenos Aires. Entre más del millar de pasajeros de tercera clase, venían las familias de Felipe Bosegli y Giuseppe Castiglione, con un total de 17 miembros y emparentadas entre sí. Los niños, entre 18 meses y 14 años de edad, habían nacido en diferentes puntos del mundo (Grecia, Turquía e Italia). El examen médico determinó que 12 personas de esa familia estaban contagiadas de tracoma y que debían ser reconducidas al puerto de origen luego del pago de una multa y caución. La dramática epopeya quedó asentada en el legajo: en 1895, Bosegli había dejado su tierra natal, Italia, para dirigirse a Grecia, donde se radicó durante doce años e hizo venir a su segunda esposa y a la familia de aquélla. Ambas familias se trasladaron a Turquía, donde los varones trabajaban como foguistas en una empresa italiana. La guerra contra Italia determinó su expulsión en 1911, por lo que se dirigieron esta vez a Sicilia, desde donde obtuvieron pasajes del gobierno para llegar a la Argentina.

En el éxodo, las familias habían atravesado Grecia y Turquía, donde el tracoma era endémico, de acuerdo a la información de la época, pero al embarcarse en Génova, de acuerdo al expediente, “no se les hizo observación alguna respecto a la enfermedad de que están atacados”. La “triste situación por los perjuicios recibidos”, según declaraban, no hizo mella en el Director General de Migración quien impidió su admisión al país y deportó a las dos familias nuevamente a Italia.

Corolario
En Argentina, la selección de “razas” y credos tuvo consecuencias en la generación de la legislación temprana más restrictiva y explícita en relación con el tracoma y en su aplicación concreta en los puertos de acceso al país. La particularidad de la enfermedad –dificultad en su detección, terapéutica ineficaz, extensión de los focos de infección, entre otros factores- estimuló ciertos cambios en esta concepción. A esa situación médico-social, se añaden también las prácticas de exclusión burocrático-políticas que se impusieron con mayor firmeza al finalizar la I Guerra Mundial.

Las miradas enfermas pueden corresponder a las dos partes de este relato. Pertenecen a aquellos diagnosticados con tracoma, quienes acarreaban como parte de su miseria también una seria infección. Y son las que imprimen los mismos médicos, a través de los dispositivos para la exclusión para quienes venían a hacer suyo el sueño americano. Pero la eficacia para ese poder fue relativa: a pesar de tantos y severos controles, el tracoma era ya en 1914 parte integrante de la geografía médica y por lo tanto, se hubieron de gestar otros instrumentos para sanear las miradas de los futuros trabajadores. Esta es otra historia, y será otro el momento de contarla.

Bibliografía y fuentes
- Di Liscia, María Silvia y Melisa Fernández Marrón. 2009 “Sin puerto para el sueño americano. Políticas de exclusión, inmigración y tracoma en Argentina (1908-1930)”. En: Revista Nouveau Monde, Mondes Nouveaux, L’ Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Dossier: “Historizar los cuerpos y las violencias. América Latina, siglos XVII a XXI”, URL : http://nuevomundo.revues.org/index57786.html.
- Markel, H., 2000. “The Eyes Haves It: Trachoma, the Percepcion of Disease, The United State Health Service and the American Jewish Immigration Experience, 1897-1924″, en Bulletin of the History of Medicine, 74: 525-560.
- Memoria de la Dirección General de Inmigración correspondiente al año 1908 Director: Juan Alsina, Buenos Aires, Talleres de Publicaciones de la Oficina Meteorológica Nacional, 1909.
- Memoria de la Dirección General de Inmigración correspondiente al año 1908 Director: Juan Alsina, Buenos Aires, Talleres de Publicaciones de la Oficina Meteorológica Nacional, 1914.
- Archivo General de la Nación, Archivo Intermedio, Vapor Indiana, Partes Consulares, 1913, caja 5. Expediente 1093.
- Archivo General de la Nación, Archivo Intermedio, Vapor Re-Vittorio, Partes Consulares, AGI: 1913, caja nº 7. Expediente 10-3.
- Archivo General de la Nación, Archivo Intermedio, Vapor Barcelona, Partes Consulares, AGI: 1913, caja nº 8. Expediente 28/III 1678.

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